Uganda: una larga lucha
30 agosto 2012

El JRS en Adjumani proporcionó amplios servicios educativos a niños y adultos. (Frido Pflueger / JRS)
El apoyo del JRS me ha ayudado mucho y ha hecho que mi tiempo en el campamento no haya sido infructuoso. Me ha convertido en la persona responsable que soy hoy.
Juba, 27 de agosto de 2012 - Mi nombre es Reuben* y soy un ex refugiado, que ya vive en su país de origen: Sudán del Sur. Quiero compartir mi historia sobre la ayuda que me brindó el JRS durante estos años.

En 1994, con tan sólo seis años de edad, huí con mi madre desde el sur de Sudán a Adjumani, en Uganda, tratando de escapar de la terrible guerra.

Al llegar a Uganda, la política del gobierno era poner a los refugiados sudaneses en campamentos. Nos enviaron al de Maaji, en el distrito de Adjumani. En cierto modo, la vida en Adjumani era buena. Podíamos circular libremente, la salud y los alimentos nos los proporcionaba la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), y por supuesto estábamos a salvo de los estragos de la guerra.

Sin embargo, la vida en el campamento también tenía sus desventajas. Pagar mis gastos escolares de primaria era una lucha. Sentí que no tenía voz política, y vi a varios amigos reclutados por la fuerza al Ejército de Resistencia del Señor (LRA). Había pocas tierras para que los refugiados pudiéramos hacer algo de agricultura de subsistencia, y los empleos escaseaban. Además, las mujeres del campamento temían ser víctimas de ataques y violaciones por parte de algunos ciudadanos ugandeses.

A pesar de los desafíos de estos años, tuve la suerte de recibir apoyo educativo del JRS. Fui becado durante toda mi educación secundaria, y también recibí materiales educativos. El apoyo del JRS me ha ayudado mucho y ha hecho que mi tiempo en el campamento no haya sido infructuoso. Me ha convertido en la persona responsable que soy hoy.

En 2008, recibí la buena noticia que iba a ser repatriado al sur de Sudán por el ACNUR. Aunque a esas alturas ya era un huérfano, pues mi madre había muerto, me sentí fuerte y seguro – y esto en gran parte se debe a la educación que había recibido del JRS.

A mi regreso al sur de Sudán, obtuve un certificado para trabajar en un laboratorio médico y ahora puedo decir orgulloso que estoy trabajando como técnico en un hospital y eso me permite mantener a mi hermana menor y a su hermano. También trato de participar en las actividades comunitarias relacionadas con mi área, como por ejemplo asesorar a los jóvenes sobre el VIH y el SIDA y sobre las ventajas de la educación.

Mi consejo a los refugiados que viven en campamentos es que hagan uso de los servicios ofrecidos por las ONG y que no pierdan el tiempo allí. Que sean el médico de sí mismos, con esto quiero decir que no olviden sus sueños para el futuro y que no pierdan nunca la esperanza.

Quería compartir este mensaje de amor para inspirar a otros refugiados y compartir mi lucha. Mi sueño para el futuro es apoyar a mi comunidad a construir un orfanato, un centro de salud y, posiblemente, una iglesia. También me gustaría apoyar actividades comunitarias agrícolas y continuar con otros estudios.

El JRS trabajó en Adjumani, Uganda, entre 1992 y 2008, apoyó a miles de refugiados sudaneses a continuar su educación, mientras estuvieron en el campamento. Cuando terminó la guerra, la mayoría de los refugiados fueron repatriados a Sudán para reconstruir sus vidas.