Etiopía: las actividades lúdicas suavizan las dificultades de la vida en el campamento
03 mayo 2012

Los refugiados somalíes en el campamento de Melkadida participan en actividades recreativas y deportivas, en particular en partidos de fútbol de la Premier League de Melkadida. Hay cinco equipos y el entrenamiento se realiza cinco días a la semana con la participación de unos 125 jugadores. Los partidos, que se celebran una o dos veces por semana, atraen a unos 200 espectadores. (Jaime Moreno/JRS)
Mis experiencias me han llevado a creer que las actividades para el desarrollo de la juventud deberían estar presentes en todas las programaciones para los refugiados.
Dollo Ado, 3 de mayo de 2012 – Mi primera experiencia con refugiados fue en el campamento de Mai-Aini en el noroeste de Etiopía. Allí trabajé con el Servicio Jesuita a Refugiados como responsable de Deportes y Actividades Lúdicas durante algo menos de un año. El ochenta por ciento de los residentes del campamento eran jóvenes varones eritreos la mayoría de los cuales habían huido del país por razones políticas. Los desafíos vitales con los que allí me encontré me prepararon para mi actual papel en Dollo Ado, Etiopía.

Una misión tripartita. Allí me di cuenta de lo duro que puede llegar a ser trabajar con refugiados. Ya antes sabía de ellos, pero realmente no entendí qué significaba serlo. Era difícil responder a sus peticiones y necesidades con los pocos y siempre limitados recursos. Como persona, a menudo me sentía impotente.

Al principio, me sentía desubicado en un trabajo tan exigente. No veía cómo podía responder a las múltiples demandas de los refugiados. Pero ya no es así. Hoy, ya sé que la paciencia, la comprensión y la perseverancia son la clave ante cualquier reto. Mirando atrás, es difícil imaginar cómo pude hacer frente a todas esas experiencas, pero salí adelante.

Alentando su potencial. Los refugiados a menudo lo único que necesitan es que alguien les escuche, que esté con ellos y les transmita esperanza. Me di cuenta que yo podía tranmitirles estas cosas sin ningún coste, y muy pronto vi que los propios refugiados tenían ese gran potencial necesario para salir adelante. Sus obras de teatro, juegos y su arte me sorprendían. Aprendían rápido, y me quedaba boquiabierto con sus gustos, inteligencia y creatividad. Parecían tan flexibles, adaptables y tan bien preparados para el cambio. Esta experiencia inolvidable me inspiró y entusiasmó, y se ha convertido en mi motivación para trabajar con refugiados hasta ahora.

Nuevo desafío en Dollo Ado. Desde hace un año, puedo decir que compartir mi tiempo y conocimientos con los refugiados me ha enseñado la más valiosa lección en toda mi vida laboral: dar lo mejor de mí cada vez que tenga la oportunidad, independientemente del desafío. Ahora estoy aplicando esta lección en mi nuevo papel como Coordinador del Programa para la Juventud, trabajando con refugiados somalíes en el campamento de Melkadida, Dollo Ado.

Los refugiados somalíes se vieron obligados a huir de su país por la inseguridad política, la violencia y la sequía prolongada. Su situación parecía incluso más grave si la comparaba con Mai-Aini, y a pesar de mi resolución a no desesperar, me sentía más pesimista que nunca. Sin embargo, mis experiencias en Mai-Aini me recordaron que no debía 'juzgar un libro por su cubierta'. Pude encontrar el coraje y la motivación para recuperar el optimismo.

La esperanza y el entusiasmo mostrado por los jóvenes somalíes siguen llegándome a lo más profundo cada día. Mi relación con ellos es básica para mantener encendida la llama. Sé que nadie, no importa cuán vulnerables sean sus condiciones, ha perdido la esperanza. La gente cuenta con grandes recursos internos y resiliencia.

Un partido de fútbol para la esperanza. Vi una prueba de esta resiliencia durante la ceremonia de clausura de la liga juvenil de fútbol en Melkadida el 20 de marzo de 2012. Era el 'Día D’ de la Premier League de Melkadida, la final entre el equipo de los jóvenes refugiados y el de la comunidad local. Ver la energía con que los jóvenes celebraban la ocasión fue un punto álgido de mi vida con los refugiados.

Los jóvenes demostraron la capacidad de las comunidades de forjar relaciones y de liberarse de los traumas de la guerra a través del deporte. Invirtieron mucho tiempo y energía en hacer de la ocasión un éxito real, y al final todos ellos fueron los verdaderos ganadores. Lo que comenzó como un deseo de marcar goles para conseguir el codiciado trofeo, se transformó en voluntad, ganas y deseos de la juventud por la esperanza y la paz. Esta actividad única, que apenas requería de recursos económicos marca el primer paso del camino hacia una sanación real.

El poder transformador de los deportes y las actividades lúdicas. Mi visión es ampliar el abanico de actividades recreativas en Melkadida para responder a las diferentes necesidades e intereses de todos los refugiados, y hacerlas inclusivas para todos (chicos, chicas, adolescentes, hombres y mujeres). Actividades como el voleibol, el teatro y la música son medios que sirven para la transformación, y ayudan a los refugiados en su búsqueda por la paz. Ya no podemos subestimar el poder de las actividades recreativas para unir a los jóvenes.

Estos jóvenes refugiados me han enseñado lecciones sobre compromiso, fortaleza y deseo. Su celo por jugar y su ambición por exceler son fuerzas motrices que les ayudarán a moldearse como futuros líderes responsables. Mis experiencias me han llevado a creer que las actividades para el desarrollo de la juventud deberían estar presentes en todas las programaciones para los refugiados.

Mi trabajo me ha dado un nuevo conocimiento del papel de los deportes en las vidas de los jóvenes refugiados. He aprendido que esto puede marcar la diferencia y así sigue siendo en Melkadida.

Abraham Alemis, Coordinador del Programa Juvenil, Dollo Ado, Etiopía

El Servicio Jesuita a Refugiados ha estado acompañando y sirviendo a los refugiados en el campamento de Melkadida, en Dollo Ado, desde noviembre de 2011. El proyecto pretende ayudar al ingente número de refugiados somalíes que llegaron al campamento escapando del conflicto, la sequía y la pobreza en su país. El JRS está poniendo en práctica programas globales de educación y atención psicosocial en el campamento. El JRS ha trabajado en el campamento de Mai-Aini desde febrero de 2010. El enfoque aquí se centra en los programas psicosociales, así como en actividades deportivas, la música y el teatro para, sobre todo, los refugiados eritreos.