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África austral: interpretando la convención de los refugiados 60 años después
20 junio 2011

Aunque huyen del colapso económico y de las violaciones a los derechos humanos, los zimbabwenses están considerados como inmigrantes indocumentados más que refugiados. Sin embargo, muchos están en una necesidad desesperada de protección internacional, Limpopo, Sudáfrica (Peter Balleis SJ/ JRS)
Sin el apoyo combinado de marcos de trabajo mejorados y de un compromiso internacional para apoyar mejor a los países de acogida más pobres, será cada vez más difícil asegurar que los derechos de las personas desplazadas por la fuerza sean respetados en África austral.
Johannesburgo, 20 de junio de 2011 – En los últimos 60 años, la convención de Ginebra de la ONU ha brindado a millones de personas que huyen de persecuciones la oportunidad de vivir seguras. La protección que se ofrece depende de si la persona en cuestión reúne una serie de criterios previstos por la ley internacional. Antes de que la protección sea un hecho, estos amplios principios deben adecuarse a las legislaciones o políticas nacionales e implementarse, lo que a menudo no llega a ocurrir.

Además, el mundo ha cambiado y en África austral, cada vez más, las definiciones incluidas en la convención están quedando desfasadas y, en algunos contextos, sin capacidad de ayudar a aquellos que están necesitados de apoyo internacional.

África austral acoge a una enorme cantidad de población refugiada, siendo Sudáfrica el país del mundo con el mayor número de solicitantes de asilo registrados. Países con inseguridad alimentaria como Zimbabwe y Malawi acogen a miles de refugiados de todo el continente en campamentos. El entorno del campo suele restringir la libertad de movimiento y las oportunidades de empleo, a la vez que se convierte en un espacio agobiante e improductivo, que no responde a las necesidades de estas poblaciones en movimiento.

Refugiados urbanos

La naturaleza prolongada de muchos conflictos africanos ha generado el aumento del desplazamiento y  ha obligado a muchos refugiados en la región a considerar su exilio como algo permanente. Los refugiados tratan con frecuencia de construir una nueva vida y desarrollar estrategias para su supervivencia a largo plazo, sin esperar ya a que el conflicto que les obligó a desplazarse termine.

Así, numerosos solicitantes de asilo y refugiados prefieren ir a las áreas urbanas de ciudades africanas como Johannesburgo y Nairobi, o como Luanda y Lilongwe por citar unas pocas. Las áreas urbanas, en particular las de aquellos países más desarrollados como Sudáfrica, ofrecen oportunidades potenciales para crear negocios o estudiar, a la par que les permite mejorar su acceso a los servicios básicos. Cada vez más, las áreas urbanas ofrecen el apoyo y la asistencia de redes sociales.

Los 'refugiados urbanos' son aquellas personas que residen fuera de los campamentos designados por diferentes razones, aunque este concepto no implica que vivan legales en la ciudad. En algunos casos, los refugiados urbanos viven en ciudades sin permiso de los gobiernos de acogida, lo que les pone en riesgo de arresto, acoso y deportación. Esto alienta a los refugiados urbanos a mantenerse sin llamar la atención como un mecanismo de seguridad, lo que les coloca entre las poblaciones más difíciles de apoyar y asistir.

La política de campamentos se basa en leyes nacionales que cambian de un estado a otro, y esto contraviene directamente a la Convención de Ginebra. La restricción de movimiento y los consiguientes peligros a los que se enfrentan los refugiados urbanos son algunos de los temas más acuciantes a los que se enfrentan los migrantes forzosos.

Asociado a los riesgos anteriormente citados, uno de los problemas fundamentales a los que se enfrentan los refugiados urbanos es el acceso a los servicios. Ellos se enfrentan a dificultades importantes para acceder a la vivienda, así como a los servicios de salud y educación, ya sea porque están ilegalmente en las áreas urbanas o porque les discriminan los que ofrecen estos servicios. Informes desde Sudáfrica citan el caso de refugiados a los que echan de clínicas públicas, así como de acuso por parte de la policía local.

En efecto, la asistencia a los refugiados urbanos es uno de los retos a los que se enfrentan tanto los refugiados como los suministradores de servicios. Muchos agentes de las fuerzas del orden y de inmigración están precariamente formados en derechos de los refugiados, y apenas se les hace el seguimiento. Esto puede resultar en la deportación de refugiados.

Recientemente, la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) ha reconocido la necesidad de 'ampliar el espacio de protección' para los refugiados urbanos en ciudades mediante el desarrollo de una política que reconozca la necesidad de la autodependencia y la armonización de las leyes nacionales con la ley humanitaria internacional.

Sin embargo, este proceso es lento y tiene mucha resistencia política en algunos de los países de acogida más pobres. El resentimiento en países con inseguridad alimentaria, como Mozambique y Malawi es tangible: sienten que la presencia de los refugiados es una carga innecesaria y un peso injusto a sus ya limitados recursos.

Ciertamente, este concepto de 'ampliar el espacio de protección' es crucial, como atestigua la situación en África austral. El clamor de los zimbabwenses, conocidos como 'inmigrantes de supervivencia' que cruzan la frontera hacia Sudáfrica y otros países vecinos, ha supuesto un verdadero reto para la convención de Ginebra.

Este concepto se utiliza para referirse a aquellas poblaciones vulnerables que no encajan en la definición convencional de refugiado, pero que aún así necesitan asistencia internacional. Esto queda patéticamente claro en el clamor de los zimbabwenses empobrecidos, que no pueden acceder a los alimentos, a la tierra y a la seguridad, y que no quedan contemplados como refugiados según la Convención de Ginebra. Sin embargo, clasificarlos como emigrantes económicos obvia la naturaleza forzosa de su migración y su incapacidad de tomar el control de sus circunstancias precarias.

La convención para los refugiados

Estos grupos suponen un serio reto para quienes suministran servicios, en especial los gubernamentales, en África austral que tienen el mandato exclusivo de atender sólo a los refugiados. Está también el problema de personas necesitadas de forma apremiante de protección, cuyos casos pueden quedar perdidos entre los igualmente acuciantes de los inmigrantes de supervivencia.

En respuesta a las cambiantes circunstancias en las naciones de acogida, muchos defensores de los derechos humanos han hecho un llamamiento en favor de que se amplíe la definición de refugiado para incluir a las personas desplazadas internas y a quienes huyen de un conflicto generalizado. Sin embargo, en el actual entorno político, los estados son incapaces de esbozar una convención para los refugiados que responda a las necesidades de estas poblaciones. Por el contrario, renegociar la convención de Ginebra podría ser como abrir la caja de Pandora.

Los avances en la protección de las poblaciones vulnerables deberían enfocarse en complementar la convención de Ginebra con la implementación de tratados regionales. En este caso, esto significa presionar a los estados de África austral para que apliquen la convención para los refugiados de la Unión Africana cuya definición es mucho más amplia que la de la ONU al incluir a las personas que huyen "de acontecimientos que alteran gravemente el orden público". También incluye animar a los estados a implementar la convención africana sobre desplazados internos.

Sin embargo, no es sólo cuestión de voluntad política. Los estados en África austral reciben una cifra desproporcionada de personas desplazadas por la fuerza. Si bien es correcto que la comunidad internacional y la sociedad civil presionen para que la región proteja a esta población vulnerable, también lo es que compartan algunas de sus cargas, que se comprometan y aumenten el reasentamiento de refugiados e incrementen el apoyo a los países más pobres ayudando a cubrir los costes de acoger a refugiados y solicitantes de asilo.

Sin el apoyo combinado de marcos de trabajo mejorados y de un compromiso internacional para apoyar mejor a los países de acogida más pobres, será cada vez más difícil asegurar que los derechos de las personas desplazadas por la fuerza sean respetados en África austral.

Robyn Leslie, responsable de advocacy, JRS África austral

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